20120509

Puntos sobresalientes Jeremías 35-36



JEREMÍAS
Lecciones para nosotros
(Jer. 35:1, 2) En el Armagedón, ¿sobre quiénes tendrá los ojos puestos el Gran Preservador de la vida humana? Sobre los cristianos dedicados y bautizados a quienes él prefiguró por medio de un grupo del tiempo de Jeremías. Aquellos amigos de los judíos se vieron obligados a abandonar su vida de nómadas y empezar a vivir temporeramente en Jerusalén porque no querían unirse al campamento del enemigo que, bajo el rey de Babilonia, avanzaba para poner sitio a Jerusalén. Como antepasado tenían a Jonadab hijo de Recab. No se les llamaba jonadabs, pues el rey David había tenido un sobrino llamado Jonadab. Pero se les llamaba recabitas, nombre que los marcaba como no israelitas. Jeremías los conocía bien.
(Jer. 35:3-5) Por más de 250 años los recabitas habían sido fieles al voto que les había impuesto su muy bien conocido antepasado Jonadab. En cuanto al pacto de la Ley en el cual sus antepasados habían entrado por medio de Moisés como mediador entre ellos y Jehová Dios, allá en 1513 a de la E.C., los israelitas no podían igualar aquel registro de fidelidad. Por eso, el Dios cuyo pacto ellos habían violado se propuso mostrar la diferencia entre aquellos israelitas y los recabitas que sabían guardar un voto. Por consiguiente se pondría a prueba a los recabitas en el templo de Jerusalén. Sí, a pesar de que se sabía bien que los recabitas eran “abstemios.”Jeremías hizo tal como se le mandó. Sin embargo, hasta de la mano del profeta los recabitas rehusaron beber.

(Jer. 35:6-11) El voto que se les había impuesto a los recabitas era un voto protector. Los mantuvo viviendo de manera sencilla como forasteros en la tierra y apartados de la corrupción de las ciudades. Puesto que no eran israelitas bajo el pacto de la Ley Mosaica, eran como extranjeros dentro de las puertas de los israelitas y no les causaban dificultad alguna a sus huéspedes israelitas. No interferían con los israelitas en cuanto a que éstos cumplieran su pacto con Jehová, sino que, más bien, obraban en armonía con el pacto de la Ley hasta donde les aplicaba a ellos.
Sin embargo, en lo que tocaba a beber bebidas alcohólicas, eran como los nazareos israelitas. Por medio de permanecer sobrios, mantuvieron el juicio. La invasión de la tierra de Judá por los ejércitos del rey Nabucodonosor estaba a punto de afectar la vida sencilla de nómadas que ellos llevaban. Naturalmente, ante el avance de los caldeos invasores, los recabitas huyeron a Jerusalén. El que se adhirieran tenazmente a su voto en contra de beber vino, hasta cuando el profeta-sacerdote Jeremías les extendió una invitación a beber, suministró a Jehová un ejemplo que podía usar en contra de los israelitas quebrantadores de pactos. Los recabitas habían mantenido su voto, aunque éste había sido impuesto a ellos por un simple hombre, uno de sus antepasados. Los israelitas quebrantaron su pacto de la Ley, aunque fue establecido, no con un simple hombre, sino con el Dios Altísimo.
(Jer. 35:13-17) De esta comparación de los recabitas con los israelitas se desprende claramente que los altamente favorecidos israelitas, con la ayuda de los profetas de Dios, podían guardar su pacto con Jehová su Dios. Él había suministrado su templo y su sacerdocio para ofrecer sacrificios a fin de compensar por los pecados involuntarios que ellos cometieran debido a las debilidades de su carne. A pesar de eso, ellos habían elegido dioses adicionales, particularmente a Baal, y habían incorporado en su adoración toda suerte de cosas inicuas que estaban prohibidas por la ley que Jehová había dado por medio de Moisés. De modo que la apostasía que ellos habían cometido en contra del pacto de la Ley que Dios les había dado, que exigía adoración pura, era intencionada. No mostraron respeto alguno ni por el único Dios vivo y verdadero ni por los votos solemnes que le habían hecho a él. Lo único que aquello presagiaba era calamidad para aquellos apóstatas. ¡Por razones semejantes, una calamidad inescapable se cierne sobre toda la cristiandad!
(Jer. 35:18, 19) El pueblo de Dios se halla hoy en una situación parecida a la de los fieles contemporáneos de Jeremías. Sabemos que Jehová pronto traerá la ruina sobre los que desoyen sus advertencias; sin embargo, podemos extraer ánimo de sus promesas proféticas, como hicieron aquellos judíos que apoyaron el culto verdadero. Por la fidelidad de los recabitas a Jehová y a los mandatos de su padre, Dios dijo que sobrevivirían a la caída de Jerusalén. Y fue cierto. La posterior mención de “Malkiya hijo de Recab”, quien colaboró en la reconstrucción de Jerusalén durante el mandato del gobernador Nehemías, puede ser prueba de ello. Jehová también aseguró que protegería a Ébed-mélec por haber confiado en él y haber ayudado a Jeremías. Igualmente, prometió a Baruc, compañero de Jeremías, darle su “alma como despojo” .

(Jer. 36:9, 10). En el cuarto año del reinado del inicuo rey Jehoiaquim (alrededor del 625 antes de nuestra era), Baruc, el fiel secretario de Jeremías, se sentía cansado. Jeremías le mandó escribir en un rollo todas las palabras que Jehová le había hablado a él contra Jerusalén y Judá durante los veintitrés años que llevaba de profeta. Baruc no leyó el contenido del rollo a los judíos de inmediato, sino al año siguiente Pero algo lo afligía. ¿Qué era? “¡Ay de mí, ahora se lamentó Baruc, porque Jehová ha añadido desconsuelo a mi dolor! Me he fatigado a causa de mi suspirar.”
También nosotros hemos expresado sentimientos de cansancio alguna vez en la vida, bien de manera audible, o silenciosamente en el corazón. Sea como sea que se haya quejado Baruc, Jehová estaba oyendo. Aquel que sondea los corazones conocía el motivo de su desaliento y, valiéndose de Jeremías, lo corrigió con bondad (Jeremías 45:1-5). ¿A qué obedecía el cansancio de Baruc? ¿Acaso era la misión que se le había encomendado o las circunstancias en las que debía cumplirla? En realidad, su estado emotivo se originaba en el corazón. Baruc andaba “buscando cosas grandes”. ¿Qué cosas? ¿Qué le prometió Jehová si aceptaba su consejo y su guía? ¿Y qué enseñanza provechosa nos deja su experiencia?
Baruc conocía la naturaleza de las “cosas grandes” que perseguía, y sabía también que “los ojos de [Dios] están sobre los caminos del hombre, y todos sus pasos él ve” (Job 34:21). La razón por la que no hallaba “descanso” mientras transcribía los mensajes proféticos de Jeremías no era su comisión, sino su propio concepto de lo que consideraba grande, lo que había en su corazón. Estaba tan absorto buscando “cosas grandes” que había perdido de vista las cosas más importantes: las que tienen que ver con hacer la voluntad divina (Fili. 1:10). De modo que no se trataba de una idea pasajera; Baruc llevaba tiempo yendo detrás de “cosas grandes” cuando Jehová le advirtió que dejara de hacerlo. Aunque el fiel secretario de Jeremías estaba cumpliendo con la voluntad de Dios, al mismo tiempo ansiaba “cosas grandes”.
(Jer. 36:11, 12, 14) Una posibilidad es que a Baruc le preocuparan la fama y el prestigio. Si bien le servía de escriba a Jeremías, es muy probable que fuera más que un simple secretario personal del profeta.
(Jeremías 36:32) “El secretario”. Las pruebas arqueológicas apuntan a que Baruc desempeñaba un alto cargo en el palacio real. De hecho, el mismo título se le aplica a “Elisamá el secretario”, quien figura en la lista de los príncipes de Judá. Esto da a entender que Baruc también tuvo acceso al “comedor del secretario” en “la casa del rey” como colega de Elisamá . De lo anterior se deduce que Baruc debió de ser un funcionario muy ilustrado del palacio. Su hermano Seraya ocupaba el cargo de “comisario ordenador” del rey Sedequías, a quien acompañó a Babilonia en una importante misión (léase Jeremías 51:59). Al parecer, Seraya se encargaba de los víveres y el hospedaje del soberano cuando este salía de viaje. Ciertamente un cargo muy importante. Es comprensible que alguien que perteneciera a las altas esferas se cansara de escribir mensajes condenatorios contra Judá, uno detrás de otro. Más aún, el apoyo que Baruc le brindó al profeta de Dios de seguro hizo peligrar su posición y su carrera. Pensemos en lo que pasaría cuando Jehová demoliera lo que había edificado, cuando llegara esa hora, las “cosas grandes” que anhelaba Baruc ya fuera mayor honra en la corte o prosperidad material carecerían de valor. Si lo que pretendía era asegurarse una posición en el sistema judío condenado a muerte, Dios estaba justificado para corregir su inclinación.
Por otro lado, las “cosas grandes” de Baruc quizás incluyeran la prosperidad material. Las naciones vecinas de Judá cifraban toda su confianza en las riquezas